
Si hay algo netamente característico e identificable en los casinos son las fichas de juego. Para los entendidos no es más que la moneda de cambio con la que se juega. Para los neófitos, es uno de los elementos más llamativos del juego sobre el que conviene hacer algo de historia.
Las fichas suelen ser discos de arcilla comprimidos y coloreados según su valor y con diferentes dibujos promocionales, habitualmente logotipos del casino al que pertenecen. En algunos casos, existen placas rectangulares en modo de ficha que responden a altas cifras de dinero.
Las fichas del casino no tienen ningún valor fuera de él ya que su circulación, uso y cambio por dinero se realiza en el propio establecimiento que las emite. Sin embargo, en ciudades como Las Vegas, determinados casinos permiten jugar con las fichas de otro establecimiento de la ciudad.
Pero ¿cuál es el motivo de que existan fichas en lugar de jugarse con dinero real? Pues en primer lugar, que las fichas al ser exclusivas de cada establecimiento son únicas, están controladas y por tanto, son más difíciles de falsificar. El segundo motivo es que están construidas bajo unos estándares muy exactos que permiten su apilamiento ordenado con seguridad y un fácil conteo tanto por los clientes como por los expertos ayudantes de los jefes de mesa. El tercero es que, al tener un peso exacto y muy definido, el valor de un montón de fichas se puede establecer por su peso, evitando contarlas.
Y, por supuesto, añaden un punto más de glamour al juego por su tacto, aspecto y significado, ya que al igual que las monedas que se acuñan en cada país, las fichas de los casinos sirven como soporte para homenajear distintas efemérides, personajes, fechas destacadas, etc.



