
Para ganar en un casino, en cualquiera de sus juegos, son necesarias dos cosas: un golpe de suerte acompañado de un gran contención para no gastarse inmediatamente lo ganado, o un método de apuestas acompañado por una capacidad mental y de trabajo inusitado para llevarla a cabo.
En este nuevo ejemplo de cómo los casinos han aparecido en el cine, uno de los protagonistas utiliza una variante que no se corresponde con ninguna de las dos mencionadas y que, probablemente, sólo sirve para la fantasía del cine.
Aún así, no está de mas recordar esta excelente película en la que el ilustre Dustin Hoffman interpreta a un autista con una extraordinaria capacidad mental de cálculo y memoria.
Una vez descubierta esta capacidad por su hermano, Tom Cruise, lo pasea por varios casinos para explotar en el juego su habilidad, consiguiendo pingües ganancias.



